Carta de Maite y su experiencia en el Retiro de Yin Yang Yoga

el

MI RETIRO YIN YANG YOGA.

Alpujarra 2019.

La Alpujarra es un espacio natural maravilloso. Me gusta siempre, pero me encanta en
primavera, cuando las aromáticas florecen y un mundo rico y diverso de florecillas invaden todo el espacio hasta donde la vista te alcanza y explotan en una sinfonía de colores que te atrapan el alma. A cada paso que das, un nuevo y delicioso aroma te envuelve y te transporta, te lleva como flotando. Llenar tus pulmones de aire allí, provoca una sensación de … de… alegría, difícil de explicar. El paisaje montañoso, compuesto a veces de bosquecillos, a veces de espacios abiertos de matorrales diversos, los colores, los aromas… el aire que se respira, estén las plantas en flor o no, el inmenso cielo, los paisajes maravillosos que dibujan sus nubes, los fantásticos atardeceres…Todo todo, todo, enamora y, al menos a mí, me hace sentir plena y en paz.

En este enclave privilegiado está El Cortijillo donde viven Zaida y Valen y donde han creado la infraestructura necesaria para hacer posible sus retiros de yoga desde el punto de vista filosófico de la sostenibilidad (¡Pero de la verdadera!), de la integración, respeto absoluto y verdadero amor a la naturaleza.

Casi todo está hecho con tronquitos de madera de las podas estacionales de los árboles y de materiales de madera reciclados, que se mimetizan con el entorno, provocando el mínimo impacto visual. Todo se desmonta y se guarda, no dejando absolutamente ninguna huella de su paso por la naturaleza una vez acabado el retiro. Eso me parece verdadera COHERENCIA.

Los aseos son secos, no se utiliza agua, como antiquísimamente. Sin embargo, son
comodísimos y limpios y no huelen en absoluto. Con el tiempo en el lugar donde se deposita todo se plantará un árbol. ¿No es maravilloso?. La ducha al aire libre es una experiencia muy agradable. En ella apetece mirar hacia arriba pues está ubicada bajo las ramas de un árbol alto. Y también apetece mirar hacia abajo, porque el suelo de las duchas está hecho de cantos rodados sueltos, que provocan una sensación muy agradable en la planta de los pies. No hay calentador de agua pero ni falta que hace, la verdad, estamos en verano, el calor del sol calienta de más los tramos de tubería que traen el agua del manantial, a pesar de estar enterrados.
¡Eso! ¡El agua!. Es de un pequeñísimo manantial que nace unos cientos de metros más arriba.
El agua en esa zona es puro oro, pero puro puro oro, y se aprovecha con muchísima
consciencia, no se recoge toda con avaricia sino que se distribuye y reparte con la naturaleza de una forma equitativa. Una parte se deja escapar alrededor del nacimiento para que la vegetación no se seque, otra parte se deja que haga su recorrido natural, para que apague la sed del resto de vegetación natural de la zona y otra parte es la que se utiliza para uso humano. Una vez nos explicaron esto entendimos que podríamos gastar el agua que necesitáramos para duchas y aseo personal pero que tendríamos que hacerlo con verdadera responsabilidad. Mis compañeras de retiro y yo nos sentimos muy muy orgullosas cuando, al final del retiro, Zaida y Valen nos dijeron que entre todas habíamos gastado muy poquita agua, mucha menos de la que esperaban. ¡Qué alegría!. Aunque en realidad no hicimos nada realmente especial, verdaderamente. Solo abrir los grifos justo cuando lo necesitábamos y justo el tiempo estrictamente necesario. Nos duchamos y lavamos cuantas veces necesitamos. Pero es asombroso cuantísima agua se ahorra con este pequeño gesto consciente.

¿Y dormir?. El alojamiento es en tiendas de algodón de techo alto (puedes permanecer erguido que tu cabeza no tocará el techo en la zona central). Son muy muy amplias y cómodas. Son compartidas para dos personas, cada una dispone de su “cama” que es un perfecto colchón, elevado sobre una base de palets y una mesita de madera con sus cajones. Sobre ésta un bonito detalle de bienvenida: un jabón natural hecho a base de plantas aromáticas. El suelo está enmoquetado y es muy gustoso al tacto del pie descalzo. Todo el conjunto interior es muy agradable a la vista, muy coqueto. Da igual la tórrida temperatura del día, de noche refresca (mucho), así que se hace uso del edredón nórdico. ¡Una gozada!. La primera noche, cuando me acosté, viví un momento mágico. Había luna llena y, a pesar de estar la tienda cerrada, sorprendentemente su luz, la de esa luna inmensa, invadía el interior de la misma. En la lona del techo las ramas y hojas del árbol bajo el cual se cobijaba la tienda, dibujaban sus sombras, alegremente vivas por el movimiento del viento. ¡Hipnotizante y precioso!. No me lo esperaba y me encantó.

La comida es un verdadero lujo. El 95% de los ingredientes necesarios para realizar los
magníficos menús vegetarianos, provienen del huerto de permacultura de Valen. El huerto en sí mismo es un mundo asombroso de color y de vida vegetal y no vegetal. Las plantas de flores se alternan con las matas de verduras y crean un mundo vivo, rico, diverso y precioso. Si te sientas un ratito en medio del huerto, quieta y callada, empiezas a ver la multitud de seres vivos que lo habitan, la atareadísima vida de los insectos. Abejas, abejorros, mariquitas, arañas…. de aquí para allá sin parar, viviendo su vida, polinizando, zumbando, pero que muy muy ocupadísimos. Y descubro, soy consciente de verdad, de ese universo paralelo al nuestro con verdadera sorpresa. Un universo de vida absolutamente completo, coordinado, activo, pleno y autosuficiente, hasta ese instante invisible a mis ojos y mi mente. En shock me dejó el descubrimiento de mi ceguera anterior, lo prometo.
Ah, si!! ¡La comida!. La comida es un verdadero lujo. El 95% de los ingredientes necesarios para realizar los magníficos y variadísimos menús vegetarianos gourmet, provienen del huerto de permacultura de Valen. Las recetas mas deliciosas de este mundo las hace él. Sin estridencias ni ingredientes raros. Con calabacines, berenjenas, apios, tomates, calabazas…etc.
En fin, lo que viene a dar un huertecico andaluz normalmente, es capaz de mezclar y obtener mil sabores completamente distintos. Su sopa de tomate fría, quitaba el sentío. (Síiiii, el gazpacho andaluz, también). Sus berenjenas rellenas, su….!todo!! (no quiero desvelar secretos!). ¿Y los desayunos? Mmmmmm. Abundantes y muy variados. ¿Y el pan? Bio, eco, artesano, km 0 y ¡super!. Sus comidas han sido, literalmente, un verdadero placer para los sentidos. La vista, el gusto, el olfato e, incluso, el tacto, han experimentado nuevas y deliciosas sensaciones. Un diez, sin duda.

Hasta aquí mi relato de cómo se cubren de bien las necesidades básicas para el cuerpo en el Retiro Yin Yang Yoga de El Cortijillo pero ¿y “todo lo demás”?.
“LO DEMÁS”, ¡PERO NO MENOS IMPORTANTE!.

Lo primero que valoré y me llamó la atención del retiro Yin Yang Yoga cuando vi la información es que fuera sólo para 6 personas. Me atrajo muchísimo esta idea de “exclusividad” en el sentido de que a la facilitadora, a Zaida, le daba la opción de estar absolutamente pendiente, en todos los sentidos, de todos los integrantes en todas las dinámicas y rutinas (¡!o eso esperaba yo!!). Me pareció muy interesante que pudiera tener tiempo de observarnos a todos y de corregir nuestras asanas, si hacíamos yoga, o resolver las dudas o curiosidades que nos pudieran surgir en ése u otros temas o prácticas. A mí, que no soy experta en estas lides, me venía genial este tipo de atención, sinceramente y aunque parezca egoísta que lo exprese. Este tipo de interacción tan estrecha y cercana, tan adaptada a tus necesidades personales, no se puede dar, aunque se quiera, en grupos mucho más grandes (lo he vivido), es imposible.

En la práctica diaria fue exactamente así, como me imaginé. El retiro lo integrábamos
casualmente 6 mujeres. Zaida explicaba con detalle el sentido de cada una de las rutinas
(yoga, paseo consciente, danza en trance… etc.) y en qué nos podría beneficiar física,
emocional y energéticamente. Nos sugería en cual de los 5 sentidos debíamos poner atención en ese preciso instante para capturar de verdad la esencia del momento y lo que ella quería enseñarnos. Procuró que aprendiéramos a escucharnos en el sentido amplio de la expresión: ser conscientes de cada rincón de nuestro propio cuerpo primero y traspasar la frontera de la propia piel yendo más y más allá en el espacio circundante poco a poco después, siendo plenamente conscientes al mismo tiempo del entorno y la vida que bulle alrededor sin darnos cuenta, integrándonos en ella y con ella, al tiempo que observábamos nuestra respiración y cada una de las emociones y sensaciones que nos provocaban todo este conjunto de actos síncronos, realizados verdaderamente de forma consciente. Ella contestó en todo momento el sin fin de preguntas que estas experiencias nos provocaban a todas. Nos escuchó a todas con paciencia (hay que decirlo), ya que pudimos expresarnos con detalle y compartir cada una de las experiencias individuales, todas las veces que necesitamos.

Pienso que este fin de semana no ha sido un retiro de clases de yoga en la modalidad yin yang, sólo, como versa su título. Zaida ha propiciado con sus propuestas y prácticas energéticas una inmersión consciente en uno mismo, donde, prácticamente sin querer, los distintos espacios internos (emocionales y espirituales) se han ido moviendo poquito a poco, recolocando, acomodándose de otro modo, provocando multitud de reacciones y sensaciones de muy diversa índole. Nos ha mostrado que tenemos destrezas ocultas, porque nos ha enseñado a “mirar más allá”, mucho más allá, y “mas acá, muy dentro”. Ha ayudado a generar una vibración humana conjunta y común, que nos ha hecho sentir a todas, incluida ella, muy cerca las unas de las otras, generando una comunicación profunda tanto a nivel interno personal como compartida con el resto de compañeras. Esa sensación de comunidad y de comunión ha sido excepcional, un regalo.

Mi conclusión es que esta experiencia de la mano de Zaida ha sido enriquecedora al máximo, ha conseguido que yo verdaderamente conecte con mi propia energía, notando que poco a poco aumentaba y me hacía sentir paz, plenitud y alegría; que conectara con la energía de la naturaleza, haciéndome consciente de verdad de ella; que conectara con la energía personal de mis compañeras, la cual he sentido recorrer físicamente por mis propias manos y ha sido maravilloso.

Mi agradecimiento a mi maestra, Zaida, por ayudarme a reconocerme integrada en mí y en la naturaleza con la propia luz de mi energía.

Sin duda y sinceramente, repetiré con ella otro retiro en cuanto la vida me lo permita.

Namasté.
Maite A. C.

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